EL ALMA COMDENADA
Llega
la noche, opacada por el manto de nubes que cubren la luna antes de sumirnos en
el profundo sueño habitual, mi hijo sale un momento de la habitación de pronto
los aullidos de unos perros se oyen a lo lejos, al ingresar de nuevo, el
comenta “cuál será el motivo de que esos perros aúllen en ésta noche”, ante ese
recuerdo se me viene un profundo recuerdo, le digo – hijo, hace mucho tiempo
cuando yo vivía con mis padres en el campo y tenía tu edad, nos pasó algo
increíble. Una noche como ésta, estábamos reunidos en la cocina de la casa
antes de ir a dormir, de pronto nuestros dos guardianes, dos perros de regular
tamaño, comenzaron a ladrar intensamente y dentro de la casa, ¿cuál sería el
motivo?, tal vez porque la puerta principal estaba aún abierta y fácilmente un
perro hambriento podía estar merodeando, pero inmediatamente se oyó una gresca
entre ellos, salimos presurosamentemi padre y yo a ver qué sucedía; la noche
era oscura y no se pódía ver bien, sólo alcanzamos ver que era un perro más
grande que los nuestros, se encontraban en una grava gresca y después de unos
minutos ese perro cayó herido; parecía que no tenía fuerzas para levantarse,
porque ya no se movía “pobre animal, habrá venido porque está de hambre, se
levantará y se irá” dijo mi madre.
Después
de un momento, la gresca se oyó de nuevo, salimos e increíblemente ese perro se
había levantado y parecía que ahora con más fuerza, atacaba furiosamente a los
nuestros. En ese momento pensamos que era un perro loco y decidimos sacarlo
fuera de la casa, encolerizados mi padre y yo tomamos algunos palos y látigos
para defendernos de él. Una vez estando fuera y lejos de nuestra casa, notamos
que era un perro flaco y negro.
El
cielo se había despejado y ahora se podía ver que, pese al ataque intenso de
nuestros perros, ese animal no caía, continuaba lidiando con los nuestros.
Cuando mi padre le dio un azote, el oscuro perro reaccionó y se vino contra él;
antes que le atacará yo reaccioné inmediatamente y con un palo le di un fuerte
golpe en la cabeza dejando inconsciente. Temiendo que podía levantarse y
atacarnos de nuevo, decidimos golpearlo y azotarlo hasta dejarlo muerto.
Increíblemente ni una gota de sangre brotaba de su cuerpo, parecía estar seco;
ahí lo dejamos tomando nuestra armas y regresamos. Mi casa. Ellas, cuando
nosotros ya estábamos por llegar… escucharon que ese perro empezó a aullar;
cuando llegamos escuchamos que, efectivamente, aquel perro aullaba
espantosamente, emitía aullidos impropios a los de un perro común, “pero cómo”,
si lo habíamos dejado muerto; entonces ¿qué era ese animal? Atemorizados nos
fuimos a acostar y esperar el día siguiente.
https://www.youtube.com/watch?v=Ks8HX1aTxFU
Posteriormente, cerca de media noche, en la casa vecina que quedaba un tanto cerca de la nuestra, había pasado lo siguiente:
https://www.youtube.com/watch?v=Ks8HX1aTxFU
Posteriormente, cerca de media noche, en la casa vecina que quedaba un tanto cerca de la nuestra, había pasado lo siguiente:
En
aquella vivía una viuda con sus dos hijos menores. Justamente esa noche estaban
con una curandera quien a solicitud de la viuda había acudido a aliviarle un
mal que le aquejaba.
Estaban
aún despiertas en la cocina, las dos mujeres, con la puerta abierta hasta más
de la a media noche. De pronto se quedaron atemorizadas ante la mirada de un
animal que se asomó a la puerta. Era un perro de ojos brillantes y espantosos.
La viuda no tenía ningún perro negro, entonces pensaron que se trataba de algún
can vagabundo. Cerraron la puerta, esperando que ese perro se marche,
justamente por esos días una de las vacas de la viuda había parido a un
becerrito y ese estaba atado al costado de la cocina; de pronto se oyeron los
mugidos desesperados de la vaca, quien junto a las otras estaban atadas al
frente, cerca de los muros.
Las
mujeres salieron a ver qué era lo que pasaba y sorprendidas observaron que ese
perro quería devorar al becerrito, ellas salieron en defensa del pequeño animal
y con unos palos trataron de espantarlo; la viuda cogió una piedra y la lanzó
al vientre del perro, ese perro echó un grito extraño e impropio de un animal
común “aaiii”, las dos mujeres quedaron asustadas. Ibgresaron de nuevo a la
cocina y cerraron la puerta. Este animal no era otro más que aquel animal que
había ingresado a nuestra casa horas antes. La curandera conocedora de esos
casos rápidamente pensó “debe ser un condenado, un alma en pena que vino a
arreglar sus pendientes”. Interrogó a la viuda sobre quien había fallecido por
esos días, quién podría ser y qué es lo que ella había hecho, para que esa alma
arribara a su casa. La viuda ante tanta insistencia confesó que había pecado
con un hombre y que se había prestado una gran cantidad de dinero de él, deuda
que no pagó. Ese hombre había fallecido hace ocho días en el pueblo; la
curandera rápidamente dedujo que era el alma de ese hombre; dijo a la viuda que
esperarían hasta que aclarezca un poco para salir a pedir perdón y rezar por el
descanso de su alma.
Cuando
el día ya afloraba, la viuda despertó a uno de sus hijos para que fuese a
nosotros a pedir ayuda. Mientras él venía, pasó lo siguiente:
Las
señoras salieron de la cocina a rezar para que el animal se fuera, ya entonces
la vaca se había soltado y en defensa de su cría había atacado y dejado semimuerto
a ese horrendo animal; cuando las mujeres se acercaban a él, este se levantó y
se fue contra la viuda. Cuando estaba a punto de morderla, la vaca lo envistió
y lo arrojó contra la pared, ahí le clavó sus cuernos una y otra vez, hasta
dejarlo muerto.
Mientras
tanto su hijo había llegado a nuestra casa solicitando ayuda, alegando que el
perro loco había ingresado a su casa y quería devorar animales. Mi padre se
levantó rápidamente y me dijo – debe de ser el mismo animal que ingresó a nuestra
casa ¡vamos! Cuando llegamos las señoras nos contaron lo que había sucedido,
nosotros de igual manera, lo que había pasado horas antes en nuestra casa. Ese
animal estaba muerto en un rincón de la casa. La curandera solicitó que le
cortáramos un mechón de pelo para con eso, alejar a esos espíritus de la viuda.
Así lo hicimos, yo lo tomé del cuello con una pala y mi padre lo cortó el
mechón de pelo, luego arrastrándolo lo llevamos lejos de la casa y lo dejamos en un pozo seco, ahí
lo sepultamos y regresamos a nuestra casa.
Si
bien es cierto se había tratado de un alma condenado ¿por qué ese animal había
ingresado primero a la nuestra y no a la casa de la viuda? Nos quedó esa
interrogante.
Días
después mi padre estuvo averiguando en el pueblo sobre el difunto que la viuda
había mencionado, y sí, efectivamente ese día se había cumplido ocho días de su
deceso. Por la noche observaron que una sombra negra salió del cementerio del
pueblo y se dirigía hacia nuestra casa que quedaba lejos de allí.
Mi
padre regresaba a casa y se dirigía presurosamente hacia el pozo donde habíamos
sepultado a ese animal, recordando lo que otro de sus amigos le había contado
de “esas almas de personas muertas salen de sus tumbas por que en vida no
arreglaron sus pendientes y para descansar en el otro mundo tienen que
solucionarlos. Además, una vez que salen de sus tumbas estas caminan en línea
recta; -mi casa queda justamente entre el cementerio y la casa de la viuda, es
por eso que primero ingresó a la nuestra, antes de llegar a la casa de la
viuda-; estas almas necesariamente tienen que lograr su cometido y si no lo
lograron, regresarán”.
Mi
padre al llegar a ese pozo vio que el animal ya no estaba, bahía salido, no
había nada; ¿qué pasaría?, acaso cumplió su cometido o es que iba a regresar.
Esto
te lo cuento hijo, para que tú lo cuentes a los tuyos y sepan que esos hechos
aún existen y existirán siempre.
Autor: Prof. Alex Ronald Quispe Roque

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