domingo, 14 de julio de 2019

EL ALMA COMDENADA
Llega la noche, opacada por el manto de nubes que cubren la luna antes de sumirnos en el profundo sueño habitual, mi hijo sale un momento de la habitación de pronto los aullidos de unos perros se oyen a lo lejos, al ingresar de nuevo, el comenta “cuál será el motivo de que esos perros aúllen en ésta noche”, ante ese recuerdo se me viene un profundo recuerdo, le digo – hijo, hace mucho tiempo cuando yo vivía con mis padres en el campo y tenía tu edad, nos pasó algo increíble. Una noche como ésta, estábamos reunidos en la cocina de la casa antes de ir a dormir, de pronto nuestros dos guardianes, dos perros de regular tamaño, comenzaron a ladrar intensamente y dentro de la casa, ¿cuál sería el motivo?, tal vez porque la puerta principal estaba aún abierta y fácilmente un perro hambriento podía estar merodeando, pero inmediatamente se oyó una gresca entre ellos, salimos presurosamentemi padre y yo a ver qué sucedía; la noche era oscura y no se pódía ver bien, sólo alcanzamos ver que era un perro más grande que los nuestros, se encontraban en una grava gresca y después de unos minutos ese perro cayó herido; parecía que no tenía fuerzas para levantarse, porque ya no se movía “pobre animal, habrá venido porque está de hambre, se levantará y se irá” dijo mi madre.
Después de un momento, la gresca se oyó de nuevo, salimos e increíblemente ese perro se había levantado y parecía que ahora con más fuerza, atacaba furiosamente a los nuestros. En ese momento pensamos que era un perro loco y decidimos sacarlo fuera de la casa, encolerizados mi padre y yo tomamos algunos palos y látigos para defendernos de él. Una vez estando fuera y lejos de nuestra casa, notamos que era un perro flaco y negro.
El cielo se había despejado y ahora se podía ver que, pese al ataque intenso de nuestros perros, ese animal no caía, continuaba lidiando con los nuestros. Cuando mi padre le dio un azote, el oscuro perro reaccionó y se vino contra él; antes que le atacará yo reaccioné inmediatamente y con un palo le di un fuerte golpe en la cabeza dejando inconsciente. Temiendo que podía levantarse y atacarnos de nuevo, decidimos golpearlo y azotarlo hasta dejarlo muerto. Increíblemente ni una gota de sangre brotaba de su cuerpo, parecía estar seco; ahí lo dejamos tomando nuestra armas y regresamos. Mi casa. Ellas, cuando nosotros ya estábamos por llegar… escucharon que ese perro empezó a aullar; cuando llegamos escuchamos que, efectivamente, aquel perro aullaba espantosamente, emitía aullidos impropios a los de un perro común, “pero cómo”, si lo habíamos dejado muerto; entonces ¿qué era ese animal? Atemorizados nos fuimos a acostar y esperar el día siguiente.
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Posteriormente, cerca de media noche, en la casa vecina que quedaba un tanto cerca de la nuestra, había pasado lo siguiente:
En aquella vivía una viuda con sus dos hijos menores. Justamente esa noche estaban con una curandera quien a solicitud de la viuda había acudido a aliviarle un mal que le aquejaba.
Estaban aún despiertas en la cocina, las dos mujeres, con la puerta abierta hasta más de la a media noche. De pronto se quedaron atemorizadas ante la mirada de un animal que se asomó a la puerta. Era un perro de ojos brillantes y espantosos. La viuda no tenía ningún perro negro, entonces pensaron que se trataba de algún can vagabundo. Cerraron la puerta, esperando que ese perro se marche, justamente por esos días una de las vacas de la viuda había parido a un becerrito y ese estaba atado al costado de la cocina; de pronto se oyeron los mugidos desesperados de la vaca, quien junto a las otras estaban atadas al frente, cerca de los muros.
Las mujeres salieron a ver qué era lo que pasaba y sorprendidas observaron que ese perro quería devorar al becerrito, ellas salieron en defensa del pequeño animal y con unos palos trataron de espantarlo; la viuda cogió una piedra y la lanzó al vientre del perro, ese perro echó un grito extraño e impropio de un animal común “aaiii”, las dos mujeres quedaron asustadas. Ibgresaron de nuevo a la cocina y cerraron la puerta. Este animal no era otro más que aquel animal que había ingresado a nuestra casa horas antes. La curandera conocedora de esos casos rápidamente pensó “debe ser un condenado, un alma en pena que vino a arreglar sus pendientes”. Interrogó a la viuda sobre quien había fallecido por esos días, quién podría ser y qué es lo que ella había hecho, para que esa alma arribara a su casa. La viuda ante tanta insistencia confesó que había pecado con un hombre y que se había prestado una gran cantidad de dinero de él, deuda que no pagó. Ese hombre había fallecido hace ocho días en el pueblo; la curandera rápidamente dedujo que era el alma de ese hombre; dijo a la viuda que esperarían hasta que aclarezca un poco para salir a pedir perdón y rezar por el descanso de su alma.
Cuando el día ya afloraba, la viuda despertó a uno de sus hijos para que fuese a nosotros a pedir ayuda. Mientras él venía, pasó lo siguiente:
Las señoras salieron de la cocina a rezar para que el animal se fuera, ya entonces la vaca se había soltado y en defensa de su cría había atacado y dejado semimuerto a ese horrendo animal; cuando las mujeres se acercaban a él, este se levantó y se fue contra la viuda. Cuando estaba a punto de morderla, la vaca lo envistió y lo arrojó contra la pared, ahí le clavó sus cuernos una y otra vez, hasta dejarlo muerto.
Mientras tanto su hijo había llegado a nuestra casa solicitando ayuda, alegando que el perro loco había ingresado a su casa y quería devorar animales. Mi padre se levantó rápidamente y me dijo – debe de ser el mismo animal que ingresó a nuestra casa ¡vamos! Cuando llegamos las señoras nos contaron lo que había sucedido, nosotros de igual manera, lo que había pasado horas antes en nuestra casa. Ese animal estaba muerto en un rincón de la casa. La curandera solicitó que le cortáramos un mechón de pelo para con eso, alejar a esos espíritus de la viuda. Así lo hicimos, yo lo tomé del cuello con una pala y mi padre lo cortó el mechón de pelo, luego arrastrándolo lo llevamos lejos  de la casa y lo dejamos en un pozo seco, ahí lo sepultamos y regresamos a nuestra casa.
Si bien es cierto se había tratado de un alma condenado ¿por qué ese animal había ingresado primero a la nuestra y no a la casa de la viuda? Nos quedó esa interrogante.
Días después mi padre estuvo averiguando en el pueblo sobre el difunto que la viuda había mencionado, y sí, efectivamente ese día se había cumplido ocho días de su deceso. Por la noche observaron que una sombra negra salió del cementerio del pueblo y se dirigía hacia nuestra casa que quedaba lejos de allí.
Mi padre regresaba a casa y se dirigía presurosamente hacia el pozo donde habíamos sepultado a ese animal, recordando lo que otro de sus amigos le había contado de “esas almas de personas muertas salen de sus tumbas por que en vida no arreglaron sus pendientes y para descansar en el otro mundo tienen que solucionarlos. Además, una vez que salen de sus tumbas estas caminan en línea recta; -mi casa queda justamente entre el cementerio y la casa de la viuda, es por eso que primero ingresó a la nuestra, antes de llegar a la casa de la viuda-; estas almas necesariamente tienen que lograr su cometido y si no lo lograron, regresarán”.
Mi padre al llegar a ese pozo vio que el animal ya no estaba, bahía salido, no había nada; ¿qué pasaría?, acaso cumplió su cometido o es que iba a regresar.
Esto te lo cuento hijo, para que tú lo cuentes a los tuyos y sepan que esos hechos aún existen y existirán siempre.
Autor: Prof. Alex Ronald Quispe Roque

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